sábado, 14 de diciembre de 2013

EL COLOR AZUL

Hombres y mujeres se visten con frecuencia de azul, pues queda bien para toda ocasión y en todas las estaciones. El azul es también el color preferido para los automóviles, tanto para las limusinas de lujo como para los pequeños utilitarios. En las viviendas, el azul resulta frío, pero tranquilizante, y se usa en dormitorios. Sólo hay un ámbito donde el azul no goza de aceptación: no comemos ni bebemos prácticamente nada de color azul.

El azul tiene su significado más importante en los símbolos, en los sentimientos que a él asociamos. El azul es el color de todas las buenas cualidades que se acreditan con el tiempo, de todos los buenos sentimientos que no están dominados por la simple pasión, sino que se basan en la comprensión recíproca. No hay ningún sentimiento negativo en el que domine el azul. No es extraño que el azul tenga tanta aceptación.





El color de la simpatía y la armonía

El azul es el color más nombrado en relación con la simpatía, la armonía, la amistad y la confianza. Estos son sentimientos que sólo se acreditan con el tiempo, que casi siempre nacen con el tiempo y que siempre se basan en la reciprocidad.

¿Por qué la mayoría de los humanos asocia el azul a estos sentimientos, que son sentimientos "sin color" en el sentido más fiel de la expresión? ¿Es que las personas sencillamente transfieren su color preferido a las mejores cualidades? No, puesto que también las personas que tienen el rojo o el negro o cualquier otro color como su color favotiro sienten que, en este orden, el azul es el color básico, el color adecuado.

Y es que cuando asociamos sentimientos a colores, pensamos en contextos mucho más amplios. El cielo es azul, y por eso es el azul el color divino, el color de lo eterno. La experiencia continuada ha convertido al azul en el color de todo lo que deseamos que permanezca, de todo lo que debe durar eternamente.

Y no es casual que el verde sea el segundo color más nombrado para estos sentimientos. En contraste con el azul divino, el verde es terrenal: el color de la naturaleza. En el acorde azul-verde se unen cielo y tierra. En el verde, el azul divino se convierte en azul humano.

Flores azules en el retrato de Madame de Pompadour


¿Por qué la fidelidad es azul?

El efecto psicológico del azul ha adquirido un simbolismo universal. Como color de la lejanía, el azul es también el color de la fidelidad. La fidelidad tiene que ver con la lejanía, pues la fidelidad sólo se pone a prueba cuando se da ocasión para la infidelidad.

La fidelidad no es una virtud que pueda demostrarse a simple vista, y las flores azules que simbolizan la fidelidad -el nomeolvides, la flor del cardo, la de la madreselva- son también poco vistosas.

En la poesía de los trovadores aparece una mujer llamada Staete que es la encarnación de la fidelidad -staete significa "constancia"-. Esta mujer iba vestida de azul. En el retrato más famoso de Madame Pompadour, pintado en 1758 por Francois Boucher, hay una pequeña flor azul en el pecho de la retratada, justamente donde el corazón -y es que el cuadro era algo más que una representación de su belleza y elegancia: era una declaración de amor a Luis XV, para el que se hizo retratar-.

En inglés, el azul aparece especialmente ligado a la fidelidad: true blue (fiel hasta la médula) es una unión de color y sentimiento sólida e inteligible. En Inglaterra es todavía más frecuente considerar el azul como el color de la fidelidad y la confianza.




El color de las cualidades intelectuales y masculinas

El azul es el color principal de las cualidades intelectuales. Su acorde típico es azul-blanco. Estos son los colores principales de la inteligencia, la ciencia y la concentración. La deportividad no es ninguna cualidad intelectual, pero goza de una consideración social tan alta, que en ella domina igualmente el acorde azul-blanco.

Es perfectamente lógico que el azul sea el color principal de lo masculino. No obstante, según la antigua simbología, el azul es el color femenino. El azul es el polo pasivo, tranquilo, opuesto al rojo activo, fuerte y masculino. Lo que hace que el azul se asocie a lo masculino es el color con que se viste a los recién nacidos -rosa para las niñas, azul celeste para los niños-. El segundo color más nombrado para la masculinidad es el negro; ésta es una asociación que corresponde más bien a la imagen tradicional del hombre fuerte.




El azul femenino

Tradicionalmente, el azul simboliza el principio femenino. El azul es apacible, pasivo e introvertido, y el simbolismo tradicional lo vincula al agua, atributo, asismismo, de lo femenino.

En todas las lenguas se han usado nombres de colores como nombres de pila. De unos colores, o de cosas que los tienen, se han hecho nombres predominantemente femeninos, y de otros, nombres predominantemente masculinos. Esto ya indica si un color es simbólicamente masculino o femenino. El azul es en esto inequívoco: con nombres de cosas azules se han creado nombres de mujer.

Del adjetivo latino caelestis, azul celeste, proceden nombres como Celestina, Celina, Coelina y Selina. Del "azul celeste" en otras lenguas salieron los nombres de Urdina, Sinikka y Saphira. Y Bluette, nombre francès de la flor del aciano, es también un nombre de mujer. Iris también es una flor azul y un nombre de mujer. En cambio no hay más que un nombre masculino azul: Douglas, que significa "azul oscuro".

Anillo con piedra de azul real



El azul real y el azul plebeyo

Vestir de rojo era en la edad media un privilegio de los nobles, mientras que de azul podía ir cualquiera -aunque no de todos los tonos de azul-. El azul celeste luminoso era un color noble, era el azul de la nobleza. De Asia se importaban tejidos de seda teñidos con índigo. La producción de seda era para los europeos algo tan misterioso como la de ese azul. Desde el siglo XIII, los mantos de la coronación de los reyes franceses eran de color azul brillante. En el siglo XVII, en la época de Luis XIV -cuando se legalizó el índigo-, el azul era color de moda en la corte. El propio Luis XIV diseñó personalmente un jubón azul bordado de oro y plata, y todos los cortesanos soñaban con aquel jubón azul, pues vestirlo era una concesión especial del rey. Este hermoso azul recibió el nombre de "azul real", y hoy es muy apreciado como color para tinta.

La lana y el lino no decolorados, cuando se teñían con glasto tomaban un color azul turbio y como sucio. Era el color de las clases bajas, que también usaban los criados y los siervos -algo muy práctico, pues el azul es el color sobre el que menos se nota la suciedad.

La indumentaria laboral acabó tiñéndose de índigo en el mundo entero. De quien en el trabajo usa un blusón azul, un mandil azul o un mono azul se dice en algunos países que es un "hombre azul" o que tiene una "profesión azul". En Norteamérica e Inglaterra se llama a los obreros blue-collar workers (trabajadores de cuello azul), en oposición a los white-collar workers, los que usan cuello blanco y corbata, es decir, a los oficinistas.

En 1850, el bávaro Levi Strauss inventó los tejanos (en inglés, blue jeans) concebidos como indumentaria de labor para buscadores de oro y cowboys. Naturalmente se tiñeron de índigo. Su nombre proviene de bleu de Genes, es decir "azul de Génova", así llamado por los marinos de Génova que importaban el índigo. Bleu de Genes se americanizó en blue jeans.




El color de la paz y el color de Europa

En los países socialistas se declaró el azul color de la paz. En las celebraciones se despliegan tres banderas: la nacional del país, la roja del socialismo y una azul sin figura alguna, la bandera de la paz.

La bandera azul como símbolo de unión pacífica se hizo popular en todo el mundo. Cuando menos por razones prácticas, una bandera simplemente azul nunca podrá ser una bandera que pueda izarse en la guerra -una enseña azul con el cielo como fondo, es difícil de ver. La bandera de las Naciones Unidas muestra sobre su fondo azul celeste un globo terráqueo en perspectiva polar rodeado por dos ramas de olivo que simbolizan la paz. 

La bandera de Europa existe desde 1986. Sobre fondo azul, doce estrellas doradas simbolizan en ella la comunidad de las naciones europeas.

sábado, 26 de octubre de 2013

Georg Lukács: diario de una crisis

Estamos acostumbrados a pensar que hombres como Marx, Engels, Lenin, Mao, etc. no tuvieron vida interior. Los imaginamos sin emociones, casi unos ascetas, adultos desde que nacieron, y con todas las condiciones a su favor para crear lo que ahora se conoce como marxismo. Y este mito es difundido sutil y oportunistamente por la burguesía siguiendo la consigna china: "Mientras más alto esté, más estrepitosa será su caída". Así, se vuelve más fácil desautorizarlos, rebajarlos y atacarlos. No por sus ideas o acciones en función de la enorme lucha contra el capitalismo, sino por su "moral". Ejemplos: Marx adúltero (el supuesto hijo con la empleada), Mao aficionado a las nínfulas, Lenin adúltero, y todos los rumores sin mayor fundamento que difunde la burguesía en un claro ejemplo de falacia: "atacar al hombre" para desacreditar sus ideas.



Pero la verdad sobre los "padres" del marxismo y sobre todos aquellos grandes marxistas que contribuyeron y enriquecieron la teoría que sirve de guía a los explotados del mundo, es que fueron personas con dificultades iguales o mayores a las del común de los mortales, pero que desde muy jóvenes (22-25 años) se comprometieron y trabajaron sin descanso por la transformación del mundo injusto y depredador en el que vivimos. En esa tarea dejaron su sangre y esa misma tarea fue su aliciente para superar cualquier obstáculo que se les presentase.

Otra característica común en estos hombres y mujeres era que rechazaban tajantemente la frivolidad burguesa, ese estar pensando en "uno y sus circunstancias", ese individualismo absurdo que nos lleva a mirar todo a través de nuestro "particular" lente (me gusta, me beneficia, me hace brillar), ese estar reconcentrado en las relaciones interpersonales. Sí, estos señores y señoras se dieron cuenta desde muy temprano de uno de los mecanismos de control mental que utilizan los que dominan el mundo y se opusieron a él tenazmente, porque en la enorme lucha por transformar el mundo no se puede perder el tiempo en frivolidades ni en estar atacándonos unos a otros por ver quién figura más. No por gusto se ha dicho que el marxismo es una teoría de la voluntad. Efectivamente, esa voluntad para no aceptar el "destino manifiesto" del capitalismo y, más bien, luchar sin descanso por un mundo justo y sin clases.

Ahora bien, recientemente se ha traducido a nuestro idioma un diario de juventud de Georg Lukács, donde plasma una época de crisis existencial a partir de las muertes de sus grandes amigos Irma Siedler y Leo Popper. Al momento de escribirlo, Lukács tenía 26 años y fue, para él, una etapa de vitales definiciones: en el plano filosófico, estético, ideológico y moral. No fue para nada el típico diario centrado en el yo y sus particulares vivencias y desasosiegos. 

Vale la pena leerlo para comprender que entre esos grandes  hombres y nosotros solo median ocho letras: VOLUNTAD.

Comentario al artículo aparecido en el diario El País: 
Georg Lukács, diario de una crisis 
http://elpais.com/diario/1991/08/12/cultura/681948001_850215.html


sábado, 2 de marzo de 2013

EL COLOR AMARILLO

En nuestra cultura el amarillo es considerado el color de la amistad, y en el mundo del diseño gráfico es un color muy apreciado al momento de elaborar afiches eficaces. Pero el amarillo también tiene varios significados, y muchas veces opuestos, si es que hablamos de política, medicina, moda, etc. Conozcamos más sobre este color.




El color de la diversión, la amabilidad y el optimismo

Nuestra experiencia elemental del amarillo es el Sol. Esta experiencia encuentra siempre una generalización simbólica: como color del Sol, el amarillo serena y anima. Los optimistas tienen un ánimo radiante, y el amarillo es su color. El amarillo irradia, sonríe, es el color principal de la amabilidad. El amarillo es divertido, es radiante como una amplia sonrisa.

Para que el amarillo resulte amable, necesita siempre el naranja y el rojo a su lado. Amarillo-naranja-rojo es la tríada típica de lo entretenido y de todo lo que se le asocia; es el acorde cromático del gozo de vivir, de la actividad, de la energía y de la voz alta.




El color de la envidia, los celos y la mentira

En el amarillo dominan las asociaciones negativas. El amarillo malo no es el del Sol ni el del oro; es el amarillo pálido con una pizca de verde, el apestoso del azufre. El amarillo es el color de todo lo que disgusta. La envidia es amarilla -la envidia es el disgusto por los bienes ajenos. Y amarillo es el color de los celos -el disgusto por la existencia de otros. También la avaricia es amarilla.

En el simbolismo de los colores, el negro es el color de los pecados, de las malas cualidades. El amarillo puro, el color de la iluminación, combinado con el negro, se convierte en símbolo de la impureza. El amarillo del entendimiento se enturbia y se convierte en el color de la falta de entendimiento.

Junto al gris, el amarillo se torna en color de la inseguridad. El gris parece inseguro porque no es ni blanco ni negro, y el amarillo parece inseguro porque otros colores influyen rápidamente en él. La más leve mezcla de otro color destruye el amarillo, lo transforma de manera irrecuperable en marrón, naranja o verde.

En inglés, yellow significa también "cobarde". A la risa falsa la llaman los frances "risa amarilla". Y en Francia y Rusia, "una casa amarilla" (maison jaune/zeltyi dom) es un manicomio.






 El efecto óptimo en la escritura del color

La escritura negra sobre fondo amarillo es la que mejor se lee desde lejos. Por eso, las señales de tráfico cuyo cumplimiento es fundamental consisten en letras o símbolos negros sobre fondo amarillo. Reglas para el diseño de señales con visibilidad óptima desde lejos:
1. El color del fondo debe contrastar al máximo con el entorno. En un desierto de arena, el verde sería mejor color para el fondo que el amarillo.
2. Los colores de la señal deben contrastar al máximo unos con otros en términos de claridad y oscuridad. Como el amarillo es más claro que el rojo, es más apropiado como color de fondo. Sobre un fondo claro es mejor que las letras sean negras. Y sobre un fondo oscuro las letras blancas ofrecen el contraste óptimo.
3. El color más claro debe ser el del fondo. Y el color más oscuro, el de las letras. Lo inverso produce una impresión de vibración de las letras que dificulta la lectura.
4. Un color vivo debe combinarse con negro o con blanco, pues entre los colores vivos hay resplandores mutuos, y hacen que la imagen carezca de nitidez. Son especialmente desaconsejables las combinaciones de colores de igual intensidad, como rojo-verde, y aún más desaconsejables las combinaciones de colores igual de claros, como azul-verde.




Manchas amarillas de la deshonra para prostitutas, madres solteras y judíos

En la Edad Media, el amarillo era el color que identificaba a los proscritos de la sociedad. Una ordenanza de Hamburgo de 1445 obligaba a las prostitutas a ponerse un pañuelo amarillo en la cabeza, y una ley de Leipzig de 1506, a llevar un mantón amarillo; y en Meran debían usar calzado con cordones amarillos. También las madres solteras debían mostrar su deshonra mediante el color amarillo, como en Friburgo, donde debían llevar un gorro amarillo. A los herejes se les colgaba a la hora de su ejecución una cruz amarilla. Quien tenía deudas, debía coser a su ropa un disco amarillo. Estas prendas y trozos de tela amarilla eran las "manchas de la deshonra".

Los judíos fueron especialmente discriminados. Desde el siglo XII se vieron obligados a llevar sombreros amarillos. Estos sombreros eran altos y cónicos, a veces curvados como un cuerno. También debían prender a sus ropas aros amarillos. A veces estos aros eran de latón, pero en la mayoría de lso casos eran de tela e iban cosidos. Martín Lutero escribió que "a los mendigos y a los judíos se les reconoce por sus aros amarillos".

La prescripción del amarillo a los judíos por parte de los cristianos tenía un sentido discriminatorio aún más profundo: en las tradiciones judías y cristiana, el amarillo estaba prohibido en la liturgia. La Iglesia católica estableció esta prohibición en el siglo XIX: las vestiduras de los sacerdotes podían estar bordadas de oro, pero no de amarillo.

El amarillo se convirtió en el color de los proscritos porque los que tenían que llevar un distintivo amarillo no podían ocultarlo: se ve incluso en la oscuridad.

El amarillo nunca fue un color aceptable para las vestimentas. El azafrán era demasiado caro para teñirlas, y todos los demás tintes amarillos no daban un color de una luminosidad duradera.

Cuando desaparecieron las leyes sobre el uso de los colores en los atuendos, el amarillo continuó siendo un color poco aceptado. Cuando el color natural de los tejidos sin teñir era grisáceo-pardusco, el amarillo luminoso sólo podía consegurise con a seda, pues en todos los demás tejidos, los tintes daban un amarillo sucio y escaso.

En la actualidad, el amarillo solo se ve con frecuencia en las ropas informales veraniegas. Solo cuando luce el sol parece adecuado el amarillo. En la moda elegante, el amarillo aparece en todos los casos en brillantes de seda y satén como oro textil. Un vestido amarillo de terciopelo noble, pero mate, es excepcional.

En el mundo de la moda, el amarillo se considera un color que no agrada de verdad fuera de algún breve flirt, de alguna locura pasajera de la moda.




El amarillo masculino e imperial de China

Color de la felicidad, color de la gloria, color de la sabiduría, color de la armonía, color de la cultura, todo esto es el amarillo en Asia.

Cada raza se ve a sí misma como la coronación de la Creación. Los blancos idealizan el blanco, y para los asiáticos el amarillo es el más bello de los colores.

Los chinos ven en el amarilo la fuerza natural dispensadora de vida. El norte de China se cubre constantemente de polvo amarillo del desierto de Gobi, un polvo soluble muy beneficioso para las tierras de labor. El Huang He, o río Amarillo, es amarillo por la gran cantidad de limo que arrastra.

China se ha autodenominado desde siempre el "Imperio del Medio", siendo la residencia del emperador el centro del mundo. El color de la majestad imperial era el amarillo. Y hay una figura legendaria, el "emperador amarillo" Huang-ti, venerado como dios, que dio a los hombres la cultura.




El amarillo político: el color de los traidores

Como color político, el amarillo tiene para nosotros en todos los casos un carácter negativo. Nunca ha habido un partido cuyos miembros se llamaran "los amarillos". Porque en el sentido político, el amarillo es el color de los traidores.

El amarillo como color de los traidores tiene una antigua tradición: Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús, aparece frecuentemente representado con túnica de color amarillo pálido.

En la España del siglo XVI, época de la Inquisición, los herejes, es decir, todos aquellos que no habían obedecido hasta la autorrenuncia los mandatos de la Iglesia católica, comparecían ante los tribunales de la Inquisición con un capote amarillo.

En Alemania, en Francia y en España había "sindicatos amarillos", pero sólo sus adversarios los llamaban así; ellos se denominaban a sí mismos "comunidades laborales", y defendían intereses comunes de trabajadores y empresarios. Para los sindicatos obreros que se autodenominaban "sindicatos rojos", los miembros de las comunidades laborales eran esquiroles y traidores. De ahí que se los llamase "amarillos".


domingo, 6 de enero de 2013

EL COLOR NEGRO

En nuestra sociedad contemporánea, el color negro está asociado a la muerte y a la mala suerte; pero también a los movimientos anarquistas y fascistas. Sin embargo, el negro también está relacionado con la elegancia y el status social. Como ya habíamos visto con el rojo, el significado de los colores evoluciona y puede convertirse en el opuesto de su sentido original. Leamos y conozcamos algo más del color que, hoy en día, se ha convertido en moda mundial y, curiosamente, tiene cada vez más adeptos entre la juventud.

Kandinsky: Composición VII


Negro es el final

Blanco-gris-negro, tal es el espectro de los colores no vivos.  El blanco es el principio, y el negro el final. El blanco es la suma de todos los colores de la luz, y el negro es la ausencia de luz. Todo acaba con el negro: la carne descompuesta se vuelve negra, como las plantas podridas y las muelas cariadas. Cronos, el dios del tiempo, viste de negro. Quien tiene un blackout, no se acuerda de nada. El pintor Wassily Kandinsky describió así el negro: "Como una nada sin posibilidad, como una nada muerta después de apagarse el Sol, como un silencio eterno sin futuro ni esperanza: así es interiormente el negro".





El color de la negación

El negro invierte todo significado positivo de cualquier color vivo. Esto, que suena tan teórico, es una experiencia práctica elemental: el negro establece la diferencia entre el bien y el mal porque el negro establece la diferencia entre el día y la noche.

El amor es rojo, pero el rojo acompañado de negro caracteriza lo contrario del amor, el odio. El aumento del odio conduce a la brutalidad y la violencia, como acorde cromático es negro-rojo-marrón -lógicamente, el negro es aquí más potente. Siempre que el negro forma parte de un acorde con rojo, amarillo o verde, tal acorde visualiza un sentimiento negativo o una cualidad negativa: amarillo-rojo es el acorde del gozo de vivir, pero el acorde negro-amarillo-rojo es el del egoísmo. La inversión de todos los valores, tal es el efecto más poderoso del negro.


Color hermoso y color negro

En la edad media había tintoreros dedicados a teñir de hermosos colores y otros dedicados a teñir de negro. Los primeros teñían de colores luminosos, que a la vez eran colores caros, por lo que solamente teñían telas caras. A veces engañaban a sus clientes tiñendo telas baratas con tintes caros -de aquí la expresión alemana "das ist nur Schönfärberei" (esto es sólo un tinte para hacer bonito")-, para referirse a alguna manipulación que disimula lo malo. Los tintoreros "negros" no sólo teñían de negro, sino también de marrón y de turbio azul de glasto.

Muchas eran las maneras de teñir de negro. El negro más barato era el "negro de los pobres". Para teñir un kilo de lana se necesitaban cuatro kilos de corteza de aliso negro o arraclán.  El procedimiento era el siguiente: se desmenuzaba la corteza, se ponía en remojo durante unos cuantos días y se cocía junto con el tejido que iba a teñirse. Un procedimiento sencillo y barato, especialmente para aquellos tiempos. Pero este negro era en realidad un gris oscuro.

Más difícil era obtener un negro intenso. Para ello se empleaban agallas de árboles. Estas agallas aparecen en las hojas de algunos árboles por las picaduras de cínifes que depositan en ellas sus huevos. Alrededor de las larvas de estos insectos se forman excrecencias redondas, abayadas: las agallas. Estas se arrancan, se dejan secar y se pulverizan. Las mejores agallas son las de las hojas de roble, que se han usado durante siglos para hacer tintes.

En 1453, los turcos conquistaron Constantinopla, centro de las antiguas artes tintoreras.  Algunos tintoreros pudieron huir, llevando sus secretos a otros países. Pronto pudo disponerse en todas partes de las codiciadas telas teñidas de "rojo turco", que era un rojo muy luminoso. El teñido dejó entonces de ser un arte secreto para convertirse en una actividad artesanal, los métodos se simplificaron y las diferencias de precio entre el teñido de colores luminosos y el teñido de colores oscuros empezarona a borrarse.



A pesar de todo, la moda burguesa era negra, y esto se debía a ciertas actividades de unos amigos de la moda de colores vivos -los odiados lansquenetes, dedicados al merodeo y el pillaje-. En sus saqueos se llevaban también prendas de vestir que incluso rasgaban para repartírselas. Luego, cada uno se hacía una prenda con su parte. De esa manera crearon los lansquenetes el "traje de retazos": cada manga, cada pernera, cada media eran de distinto color, y todo el atuendo estaba lleno de cortes. Estos cortes o tajos les daban libertad de movimiento, y siempre podían rellenarse con nuevos retales de nuevos colores.  Los ciudadanos echaban pestes contra esta moda multicolor, y pidieron al emperador que prohibiera a los lansquenetes ese lujo que contravenía las normas sobre los colores propios de cada estamento. En 1477, el emperador Maximiliano se pronunció a favor de los lansquenetes: "Hay que tomarse con una sonrisa lo que hacen con sus desgraciadas y precarias vidas".  Los lansquenetes aparecían cada vez más abigarrados en sus atavíos, y a los ciudadanos sólo les quedó el consuelo de condenar por inmorales esos atavíos y teñir de negro sus ricas telas, pues las telas negras eran las únicas que los lansquenetes no querían.

Otro motivo por el cual la preferencia por el negro era cada vez mayor era que, tras el descubrimiento de la ruta de la India, el índigo llegó a Europa. Y resultó que tiñendo primero de azul con índigo y después de negro con agallas, se obtenía un negro muy intenso.  Y con el descubrimiento de América llegó el más bello de los tintes negros: el del palo de campeche. Se trata de la madera de un árbol de Centroamérica, que se ralla y se pone en remojo durante unas semanas. El colorante que se desprende tiñe la seda de un intenso negro azulado. Naturalmente, la madera de campeche importada era cara. El negro se convirtió así en un color noble.





El color de los protestantes y de las autoridades

La Reforma comenzó en 1517, cuando el monje agustino y profesor de filosofìa moral doctor Martín Lutero protestó contra el comercio de indulgencias. Lo inaudito de las tesis de Lutero era que negaban al clero el derecho a hacer de intermediarios de Dios. Lutero decía: quien ha pecado, debe arrepentirse, no se puede comprar el perdón por medio de las indulgencias. Pero la Iglesia predicaba: "cuando el dinero suena en la bolsa, el alma sale del fuego eterno".

El comercio con las indulgencias era la principal fuente de ingresos de la Iglesia. El perdón de los pecados así comprado se certificaba con reliquias: huesos de mártires, retazos de vestiduras de santos, astillas de la cruz de Jesucristo -estas astilas se vendieron en cantidades tales, que uniéndolas habría habido tanta madera como en un bosque-.

El cardenal Alberto de Maguncia poseía 8933 reliquias, cuyo valor en indulgencias habría sido suficiente para que una persona estuviera limpia de pecado durante 39 millones de años. Cuando los papas necesitaban más dinero, proclamaban años especiales de indulgencias en los que la limpieza de pecados salía más económica. La oposición al comercio de las indulgencias tocaba el centro vital de la Iglesia católica, pues los protestantes no sólo le negaban al papa su obediencia, sino también su dinero.

Lutero manifestó su convencimiento de que pobres y ricos son iguales ante Dios, y lo hizo no sólo de palabra: en sus sermones no vestía ninguna prenda litúrgica, sino siempre de negro.  Su vestidura talar sin ornamentos era entonces la forma corriente de los mantos o capas, y según las normas el negro era un color que podía usar todo el mundo. Ante Dios, todos iguales y vestidos también igual.

El traje talar de Lutero se convirtió en el de todas las autoridades civiles. Durante siglos fue la vestimenta de los profesores, y aún hoy es el traje talar negro de Lutero la vestimenta ceremonial de los alcaldes y la oficial de los jueces.


Ilegalidad y anarquía

El negro es el color de todas las organizaciones secretas que van contra la ley. Las banderas negras y una estrella negra son los símbolos de los anarquistas. Y la bandera negra con la calavera que usaron los piratas es ya legendaria, en ella se unen el negro de la ilegalidad y el negro de la muerte. El negro es el color de organizaciones cuyos miembros condenan a muerte a otros. En este contexto, el negro y el rojo van siempre juntos; el rojo como color del peligro y de lo prohibido.

Mussolini con los "camisas negras"



El negro de los fascistas y de la brutalidad

Negro-rojo-marrón  es el acorde de la violencia y la brutalidad.  El negro apareció por primera vez como color de un movimiento fascista en 1919 en Italia. El movimiento se llamaba Arditi, esto es, los "atrevidos" o "audaces". Su meta era acabar con los movimientos socialistas, y su distintivo era una camisa negra. Los fascistas británicos y holandeses adoptaron en 1933 la camisa negra como uniforme político. En Italia, Inglaterra e Irlanda, un "negro" es un fascista.

El color del fascismo alemán no fue el negro, sino el pardo. La razón por la que se impulsó el negro era que los trabajadores del campo vestían camisa y pantalones negros en el trabajo, y un traje negro cuando iban a la iglesia, y sólo con el traje de los domingos llevaban una camisa blanca. Todos los hombres tenían este ajuar básico, por lo que en las reuniones del partido, vestían el traje negro de los domingos con la camisa negra del trabajo.

A pesar de su elitismo los movimientos fascistas se dotaban de un toque proletario, para convertirse en movimientos de masas.  Sabían apreciar el efecto igualador del negro, que, al menos ópticamente, hacía a cada miembro de la organización igual de importante que el resto.

Cualquier grupo que se vista de un mismo color destaca y parece mayor de lo que en realidad es. Los uniformes negros dieron inmediatamente la impresión de que los que los vestían pertenecían a una gran organización. Además, el negro es color de lo grande y de lo masculino, lo cual concordaba también con los ideales fascistas.

Todas las agrupaciones políticas cuyos miembros se consideran dueños de las vidas ajenas suelen adoptar el color simbólico de la muerte para expresar su disposición a sacrificar las vidas de otros en favor de sus convicciones.



domingo, 18 de noviembre de 2012

EL COLOR ROJO

En nuestra sociedad contemporánea, el que califiquen de "rojo" a alguien significa que lo consideran "comunista", y eso, en nuestra incultura actual, se ha equiparado erróneamente con "terrorista". Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Tiempos hubo en que el rojo no fue el color emblemático de los comunistas, sino de la nobleza y de la Iglesia. Leamos y conozcamos algo más del color del fuego, de la pasión y de la revolución.



El rojo en los pueblos antiguos

Al principio fue el rojo. Es el primer color al que el hombre puso un nombre, la denominación cromática más antigua del mundo. Y es, probablemente, el primer color que los recién nacidos pueden ver.  El simbolismo del rojo está determinado por dos experiencias elementales: el fuego es rojo, y roja es también la sangre. En muchas lenguas, como la de los antiguos babilonios y la de los esquimales, "rojo" significa, en sentido literal, "como sangre".  Fuego y sangre tienen, en todas las culturas de todos los tiempos, un significado existencial. Por eso son sus símbolos universales y por todo el mundo conocidos, pues todo el mundo comprende vitalmente el significado del "rojo".

El efecto psicológico y simbólico de la sangre hace del rojo el color dominante en todos los sentimientos vitalmente positivos. El rojo, el más vigoroso de los colores, es el color de la fuerza, de la vida; como dice un refrán alemán, Heute rot, morgen tot (Hoy rojo, mañana muerto); y, en este mismo idioma, la antigua palabra blutjung ("joven de sangre" = muy joven) continúa utilizándose.

En muchas culturas, la sangre es la morada del alma. En todas las religiones primitivas eran comunes los sacrificios con derramamiento de sangre. Para contentar a los dioses se sacrificaban no sólo animales, sino también, y como la ofrenda más valiosa, la sangre joven de niños. La disposición al sacrificio del primitivo pueblo sueco era única: para evitar una catástrofe natural, una hambruna o una epidemia sacrificaban hasta a su propio rey.

En tiempos remotos se bañaba a los recién nacidos en sangre de animales especialmente vigorosos y a las parejas de novios se las rociaba con esta sangre para transferirles el vigor del animal.  Los gladiadores romanos bebían la sangre de las heridas de sus adversarios moribundos para recibir su fuerza. Los griegos vertían sangre en las tumbas para que los muertos tuvieran fuerzas en el más allá.  Y la tradición alemana cuenta cómo Sigfrido se bañó en la sangre del dragón e hizo su cuerpo invulnerable, excepto en un lugar secreto.

A la sangre humana fresca se le atribuían efectos milagrosos, como la curación de enfermedades graves. La sangre de criminales ajusticiados era un remedio muy solicitado. Según la leyenda bíblica, un faraón de Egipto exigió la sangre de 150 niños judíos para beberla y curarse así la lepra. Los judíos huyeron de Egipto.




Rojo: ¿masculino o femenino?

El rojo es un color masculino, y esto se muestra en muchos significados. Goethe los llamó el "rey de los colores". El rojo masculino es el color de la fuerza, la actividad y la agresividad. Es el polo opuesto al pasivo, suave azul y al inocente blanco. El fuego es masculino, el agua femenina. Rojo es el color de Cristo, azul el de María. También en China es el rojo uno de los colores masculinos; los femeninos son allí el blanco y el negro.

En todas las lenguas hay nombres de varón que significan "rojo". En latín tenemos Rufus, y en Inglaterra y en Estados Unidos Roy es un nombre muy común, cuya proximidad a royal a nadie se le escapa -con lo que tenemos "rojo real".  El nombre del popular Robin Hood es un nombre "rojo", derivado de Rubin, y Robinson significa "hijo de Robin". Adán significa "hecho de arcilla roja". La palabra germánica hroth significaba Ruhm (gloria, fama). Fonéticamente es muy parecida a rot (rojo), y corresponde al simbolismo de la sangre, pues hroth era la gloria del guerrero.  Esta palabra se encuentra en muchos nombres alemanes, como Ruprecht, Robert, Roger, Roland, Rüdiger, Rudolf, etc. En cambio, apenas hay nombres rojos de mujer. Escarlata y Ruby son dos nombres muy recientes. El nombre de Susanna o Susana es un nombre antiguo de origen hebreo-griego que, originariamente, era el nombre de una azucena roja.

Sin embargo, hay un rojo típicamente femenino: el rojo oscuro. En las religiones próximas a la naturaleza hay un simbolismo de la sangre relativo al sexo. El rojo masculino es el luminoso rojo sanguíneo de la carne, y el femenino es el rojo oscuro que simboliza la sangre de la menstruación.

También la Iglesia católica distingue los efectos de la sangre masculina y la sangre femenina. En la Eucaristía se bebe simbólicamente sangre, la sangre de Cristo, pero, por otro lado, algunos sacerdotes excluían a las mujeres menstruantes porque profanaban el altar.

El rojo claro y el rojo oscuro se complementan como los contrarios "masculino" y "femenino". El rojo claro simboliza el corazón, y el oscuro el vientre. El claro simboliza la actividad, mientras que el oscuro es un color quieto, uno de los colores de la noche.




El color de la nobleza y de los ricos

Antes, el color de un abrigo, de un vestido o de un traje no era una cuestión de gustos, sino un símbolo de estatus que inmediatamente mostraba  a todo el mundo quién era quien. Hasta la época de la Revolución Francesa hubo legislaciones en el vestir que establecían qué colores podían llevarse. Había colores, tejidos y prendas propios e impropios en cada estamento. Estas normas distinguían colores, tejidos, prendas para la alta y baja nobleza, el alto y bajo clero, los burgueses ricos, los burgueses pobres, los campesinos ricos, los campesinos pobres, los criados y los siervos, las viudas y los huérfanos sin fortuna, y los mendigos. Nadie podía vestir más lujosamente de lo que le correspondía según su clase social. La policía se incautaba de todo atuendo inadecuado a la clase a la que se pertenecía.

Durante siglos se consideraron hermosos solo los colores puros y luminosos. En consecuencia, los colores luminosos eran privilegio de las clases superiores. Tal era la norma: colores luminosos para los ricos, colores apagados para los pobres.

Carlomagno (742-814), que declaró su residencia en Aquisgrán, centro del Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana, hizo pintar el palacio imperial y la catedral, donde estaba su trono, de brillante color rojo. No habría podido demostrar su poder sobre la Iglesia con más claridad: lo que era rojo, pertenecía al emperador.

La valoración de los colores puros y luminosos era indisociable de su precio. Cuanto más luminoso era un color, más caro, pues era difícil limpiar de impurezas los tintes naturales. El rojo era el color más caro en las tintorerías: la fabricación de los tintes era difícil, el teñido costoso, y los tintes e ingredientes necesarios para teñir de rojo había que importarlos. El verde era un color pequeñoburgués. El azul sólo era un color distinguido si era un luminoso azul celeste, siendo el azul oscuro el color común de las ropas sencillas de labor y de la vida cotidiana. Los pobres sólo podían vestir ropas sin teñir, es decir, pardas y grises.

La prenda de vestir típica de la edad media era una capa cortada a la manera de los trajes talares. Sólo los nobles podían tener esa capa de color rojo, que en su caso llegaba hasta el suelo y tenía pliegues en campana y anchas mangas. Las capas, o capotes, de las clases inferiores eran, en cambio, de colores apagados, tejidos baratos, largas sólo hasta las caderas y sin mangas.

Cuando la nobleza perdió su poder económico, perdió también el privilegio de la capa roja. En 1498, una disposición de la villa de Friburgo permitió llevar capa roja a los hombres de letras. En el periodo 1524-1525, en la Alemania sacudida por la llamada guerra de los Labradores, estos se rebelaron contra su explotación por la nobleza y exigían, entre otras cosas, el derecho a llevar capa roja -como signo de su revaloración social-. Pero un pequeño estrato de burgueses, los patricios, llegaron a ser, gracias al comercio, más ricos que los nobles. Y ellos no permitieron que se les reglamentara la vestimenta. Los patricios convirtieron el rojo en el color de los ricos. Quien podía vestir de rojo se casaba también de rojo. Hasta mediados del siglo XVIII, las patricias de Nuremberg se casaron de rojo, y sus novios vestían calzones rojos.

En la moda del siglo pasado, los colores luminosos casi han desaparecido de la ropa masculina. Y en la moda femenina dominan igualmente los colores apagados. Niños y adolescentes visten cada vez más como adultos. A un hombre del renacimiento le hubieran desagradado los colores atenuados de nuestra moda. Pero algo quedó del rojo de los nobles: aún hoy se desenrolla a la entrada de la ópera, de un teatro o de un hotel la "alfombra roja" para los reyes.



El rojo político

El rojo es el color más frecuente en las banderas. Las enseñas rojas se ven mejor. Pero hay otra razón, pues una enseña debe ser estable a la luz, y antiguamente pocos colores lo eran tanto como los rojos de granza y de quermes.

Las banderas rojas aparecen continuamente en la historia como banderas de guerra. En 1792, los jacobinos declararon la bandera roja, bandera de la libertad. En 1834, en el motín de los tejedores de seda de Lyon, la bandera roja de la libertad se convirtió en la bandera del movimiento obrero. En la Revolución Rusa de 1917, la bandera roja del movimiento obrero se convirtió en la bandera del socialismo y del comunismo.

El rojo es el color político del marxismo-leninismo, pues en ruso "rojo" es mucho más que un color. "Rojo" (krasnij) pertenece a la misma familia de palabras que "bello", "magnífico", "bueno" (krasivej). Los "rojos" eran los "buenos". Y el "ejército rojo" era el "glorioso ejército".

Según sus adversarios políticos, "los rojos" son también los socialdemócratas, los radicales de izquierda o los terroristas. La psicología lo sabe: cuanto más débil es la propia posición política y el propio color, más fuerte aparece el color del adversario político.

La reserva alemana ante las banderas rojas es también el recuerdo del régimen de Hitler. Hitler eligió deliberadamente el rojo como color de fondo de la bandera con la esvástica. Para establecer un partido de masas necesitaba las simpatías de los trabajadores: Hitler eligió el rojo por su referencia psicológica al movimiento obrero.


martes, 9 de octubre de 2012

AFICHES REVOLUCIONARIOS

Vacío, aburrimiento, 
anomia, desencanto,
insatisfacción, malestar, 
alienación, infelicidad,
egocentrismo, tristeza...
¿A dónde vamos?

Pues, de seguir así, a ningún lado... Y seguiremos dando vueltas y vueltas en lo mismo, consumiendo productos "buenos y maravillosos", buscando a esa pareja ideal por la que daremos todo todo todo, tomándonos fotos de nuestro mejor ángulo para colocarlo en nuestro muro del Face, mirándonos el ombligo una y otra vez... En fin, haciendo más de lo mismo que nos hizo y nos hará infelices... Mientras en el mundo, 847 millones de personas sufren hambre y no tienen tiempo ni espacio para ponerse a pensar en estos temas tan pero tan fundamentales que socavan nuestra anhelada felicidad...

Felizmente, el mundo no está formado solo de este ideario frívolo y perverso con el que el capitalismo ha conquistado la gran mayoría de nuestras mentes. Hay un lugar más satisfactorio, alegre, completo, generoso, grande, altruísta... Donde puedes encontrar amigos para toda la vida, hallar a los referentes que no encuentras en tu familia o en tu universidad, distraerte sin tener que recurrir a las mismas resobadas formas que TODO el mundo realiza, viajar sin descanso y experimentar grandes aventuras guerreras y de amor... Un mundo que, además, te dará una de las herramientas fundamentales para desenvolverte con éxito en el mundo de hoy.

Sí, ese mundo existe aquí en la Tierra. Descúbrelo...