sábado, 26 de octubre de 2013

Georg Lukács: diario de una crisis

Estamos acostumbrados a pensar que hombres como Marx, Engels, Lenin, Mao, etc. no tuvieron vida interior. Los imaginamos sin emociones, casi unos ascetas, adultos desde que nacieron, y con todas las condiciones a su favor para crear lo que ahora se conoce como marxismo. Y este mito es difundido sutil y oportunistamente por la burguesía siguiendo la consigna china: "Mientras más alto esté, más estrepitosa será su caída". Así, se vuelve más fácil desautorizarlos, rebajarlos y atacarlos. No por sus ideas o acciones en función de la enorme lucha contra el capitalismo, sino por su "moral". Ejemplos: Marx adúltero (el supuesto hijo con la empleada), Mao aficionado a las nínfulas, Lenin adúltero, y todos los rumores sin mayor fundamento que difunde la burguesía en un claro ejemplo de falacia: "atacar al hombre" para desacreditar sus ideas.



Pero la verdad sobre los "padres" del marxismo y sobre todos aquellos grandes marxistas que contribuyeron y enriquecieron la teoría que sirve de guía a los explotados del mundo, es que fueron personas con dificultades iguales o mayores a las del común de los mortales, pero que desde muy jóvenes (22-25 años) se comprometieron y trabajaron sin descanso por la transformación del mundo injusto y depredador en el que vivimos. En esa tarea dejaron su sangre y esa misma tarea fue su aliciente para superar cualquier obstáculo que se les presentase.

Otra característica común en estos hombres y mujeres era que rechazaban tajantemente la frivolidad burguesa, ese estar pensando en "uno y sus circunstancias", ese individualismo absurdo que nos lleva a mirar todo a través de nuestro "particular" lente (me gusta, me beneficia, me hace brillar), ese estar reconcentrado en las relaciones interpersonales. Sí, estos señores y señoras se dieron cuenta desde muy temprano de uno de los mecanismos de control mental que utilizan los que dominan el mundo y se opusieron a él tenazmente, porque en la enorme lucha por transformar el mundo no se puede perder el tiempo en frivolidades ni en estar atacándonos unos a otros por ver quién figura más. No por gusto se ha dicho que el marxismo es una teoría de la voluntad. Efectivamente, esa voluntad para no aceptar el "destino manifiesto" del capitalismo y, más bien, luchar sin descanso por un mundo justo y sin clases.

Ahora bien, recientemente se ha traducido a nuestro idioma un diario de juventud de Georg Lukács, donde plasma una época de crisis existencial a partir de las muertes de sus grandes amigos Irma Siedler y Leo Popper. Al momento de escribirlo, Lukács tenía 26 años y fue, para él, una etapa de vitales definiciones: en el plano filosófico, estético, ideológico y moral. No fue para nada el típico diario centrado en el yo y sus particulares vivencias y desasosiegos. 

Vale la pena leerlo para comprender que entre esos grandes  hombres y nosotros solo median ocho letras: VOLUNTAD.

Comentario al artículo aparecido en el diario El País: 
Georg Lukács, diario de una crisis 
http://elpais.com/diario/1991/08/12/cultura/681948001_850215.html


sábado, 2 de marzo de 2013

EL COLOR AMARILLO

En nuestra cultura el amarillo es considerado el color de la amistad, y en el mundo del diseño gráfico es un color muy apreciado al momento de elaborar afiches eficaces. Pero el amarillo también tiene varios significados, y muchas veces opuestos, si es que hablamos de política, medicina, moda, etc. Conozcamos más sobre este color.




El color de la diversión, la amabilidad y el optimismo

Nuestra experiencia elemental del amarillo es el Sol. Esta experiencia encuentra siempre una generalización simbólica: como color del Sol, el amarillo serena y anima. Los optimistas tienen un ánimo radiante, y el amarillo es su color. El amarillo irradia, sonríe, es el color principal de la amabilidad. El amarillo es divertido, es radiante como una amplia sonrisa.

Para que el amarillo resulte amable, necesita siempre el naranja y el rojo a su lado. Amarillo-naranja-rojo es la tríada típica de lo entretenido y de todo lo que se le asocia; es el acorde cromático del gozo de vivir, de la actividad, de la energía y de la voz alta.




El color de la envidia, los celos y la mentira

En el amarillo dominan las asociaciones negativas. El amarillo malo no es el del Sol ni el del oro; es el amarillo pálido con una pizca de verde, el apestoso del azufre. El amarillo es el color de todo lo que disgusta. La envidia es amarilla -la envidia es el disgusto por los bienes ajenos. Y amarillo es el color de los celos -el disgusto por la existencia de otros. También la avaricia es amarilla.

En el simbolismo de los colores, el negro es el color de los pecados, de las malas cualidades. El amarillo puro, el color de la iluminación, combinado con el negro, se convierte en símbolo de la impureza. El amarillo del entendimiento se enturbia y se convierte en el color de la falta de entendimiento.

Junto al gris, el amarillo se torna en color de la inseguridad. El gris parece inseguro porque no es ni blanco ni negro, y el amarillo parece inseguro porque otros colores influyen rápidamente en él. La más leve mezcla de otro color destruye el amarillo, lo transforma de manera irrecuperable en marrón, naranja o verde.

En inglés, yellow significa también "cobarde". A la risa falsa la llaman los frances "risa amarilla". Y en Francia y Rusia, "una casa amarilla" (maison jaune/zeltyi dom) es un manicomio.






 El efecto óptimo en la escritura del color

La escritura negra sobre fondo amarillo es la que mejor se lee desde lejos. Por eso, las señales de tráfico cuyo cumplimiento es fundamental consisten en letras o símbolos negros sobre fondo amarillo. Reglas para el diseño de señales con visibilidad óptima desde lejos:
1. El color del fondo debe contrastar al máximo con el entorno. En un desierto de arena, el verde sería mejor color para el fondo que el amarillo.
2. Los colores de la señal deben contrastar al máximo unos con otros en términos de claridad y oscuridad. Como el amarillo es más claro que el rojo, es más apropiado como color de fondo. Sobre un fondo claro es mejor que las letras sean negras. Y sobre un fondo oscuro las letras blancas ofrecen el contraste óptimo.
3. El color más claro debe ser el del fondo. Y el color más oscuro, el de las letras. Lo inverso produce una impresión de vibración de las letras que dificulta la lectura.
4. Un color vivo debe combinarse con negro o con blanco, pues entre los colores vivos hay resplandores mutuos, y hacen que la imagen carezca de nitidez. Son especialmente desaconsejables las combinaciones de colores de igual intensidad, como rojo-verde, y aún más desaconsejables las combinaciones de colores igual de claros, como azul-verde.




Manchas amarillas de la deshonra para prostitutas, madres solteras y judíos

En la Edad Media, el amarillo era el color que identificaba a los proscritos de la sociedad. Una ordenanza de Hamburgo de 1445 obligaba a las prostitutas a ponerse un pañuelo amarillo en la cabeza, y una ley de Leipzig de 1506, a llevar un mantón amarillo; y en Meran debían usar calzado con cordones amarillos. También las madres solteras debían mostrar su deshonra mediante el color amarillo, como en Friburgo, donde debían llevar un gorro amarillo. A los herejes se les colgaba a la hora de su ejecución una cruz amarilla. Quien tenía deudas, debía coser a su ropa un disco amarillo. Estas prendas y trozos de tela amarilla eran las "manchas de la deshonra".

Los judíos fueron especialmente discriminados. Desde el siglo XII se vieron obligados a llevar sombreros amarillos. Estos sombreros eran altos y cónicos, a veces curvados como un cuerno. También debían prender a sus ropas aros amarillos. A veces estos aros eran de latón, pero en la mayoría de lso casos eran de tela e iban cosidos. Martín Lutero escribió que "a los mendigos y a los judíos se les reconoce por sus aros amarillos".

La prescripción del amarillo a los judíos por parte de los cristianos tenía un sentido discriminatorio aún más profundo: en las tradiciones judías y cristiana, el amarillo estaba prohibido en la liturgia. La Iglesia católica estableció esta prohibición en el siglo XIX: las vestiduras de los sacerdotes podían estar bordadas de oro, pero no de amarillo.

El amarillo se convirtió en el color de los proscritos porque los que tenían que llevar un distintivo amarillo no podían ocultarlo: se ve incluso en la oscuridad.

El amarillo nunca fue un color aceptable para las vestimentas. El azafrán era demasiado caro para teñirlas, y todos los demás tintes amarillos no daban un color de una luminosidad duradera.

Cuando desaparecieron las leyes sobre el uso de los colores en los atuendos, el amarillo continuó siendo un color poco aceptado. Cuando el color natural de los tejidos sin teñir era grisáceo-pardusco, el amarillo luminoso sólo podía consegurise con a seda, pues en todos los demás tejidos, los tintes daban un amarillo sucio y escaso.

En la actualidad, el amarillo solo se ve con frecuencia en las ropas informales veraniegas. Solo cuando luce el sol parece adecuado el amarillo. En la moda elegante, el amarillo aparece en todos los casos en brillantes de seda y satén como oro textil. Un vestido amarillo de terciopelo noble, pero mate, es excepcional.

En el mundo de la moda, el amarillo se considera un color que no agrada de verdad fuera de algún breve flirt, de alguna locura pasajera de la moda.




El amarillo masculino e imperial de China

Color de la felicidad, color de la gloria, color de la sabiduría, color de la armonía, color de la cultura, todo esto es el amarillo en Asia.

Cada raza se ve a sí misma como la coronación de la Creación. Los blancos idealizan el blanco, y para los asiáticos el amarillo es el más bello de los colores.

Los chinos ven en el amarilo la fuerza natural dispensadora de vida. El norte de China se cubre constantemente de polvo amarillo del desierto de Gobi, un polvo soluble muy beneficioso para las tierras de labor. El Huang He, o río Amarillo, es amarillo por la gran cantidad de limo que arrastra.

China se ha autodenominado desde siempre el "Imperio del Medio", siendo la residencia del emperador el centro del mundo. El color de la majestad imperial era el amarillo. Y hay una figura legendaria, el "emperador amarillo" Huang-ti, venerado como dios, que dio a los hombres la cultura.




El amarillo político: el color de los traidores

Como color político, el amarillo tiene para nosotros en todos los casos un carácter negativo. Nunca ha habido un partido cuyos miembros se llamaran "los amarillos". Porque en el sentido político, el amarillo es el color de los traidores.

El amarillo como color de los traidores tiene una antigua tradición: Judas Iscariote, el que traicionó a Jesús, aparece frecuentemente representado con túnica de color amarillo pálido.

En la España del siglo XVI, época de la Inquisición, los herejes, es decir, todos aquellos que no habían obedecido hasta la autorrenuncia los mandatos de la Iglesia católica, comparecían ante los tribunales de la Inquisición con un capote amarillo.

En Alemania, en Francia y en España había "sindicatos amarillos", pero sólo sus adversarios los llamaban así; ellos se denominaban a sí mismos "comunidades laborales", y defendían intereses comunes de trabajadores y empresarios. Para los sindicatos obreros que se autodenominaban "sindicatos rojos", los miembros de las comunidades laborales eran esquiroles y traidores. De ahí que se los llamase "amarillos".


domingo, 6 de enero de 2013

EL COLOR NEGRO

En nuestra sociedad contemporánea, el color negro está asociado a la muerte y a la mala suerte; pero también a los movimientos anarquistas y fascistas. Sin embargo, el negro también está relacionado con la elegancia y el status social. Como ya habíamos visto con el rojo, el significado de los colores evoluciona y puede convertirse en el opuesto de su sentido original. Leamos y conozcamos algo más del color que, hoy en día, se ha convertido en moda mundial y, curiosamente, tiene cada vez más adeptos entre la juventud.

Kandinsky: Composición VII


Negro es el final

Blanco-gris-negro, tal es el espectro de los colores no vivos.  El blanco es el principio, y el negro el final. El blanco es la suma de todos los colores de la luz, y el negro es la ausencia de luz. Todo acaba con el negro: la carne descompuesta se vuelve negra, como las plantas podridas y las muelas cariadas. Cronos, el dios del tiempo, viste de negro. Quien tiene un blackout, no se acuerda de nada. El pintor Wassily Kandinsky describió así el negro: "Como una nada sin posibilidad, como una nada muerta después de apagarse el Sol, como un silencio eterno sin futuro ni esperanza: así es interiormente el negro".





El color de la negación

El negro invierte todo significado positivo de cualquier color vivo. Esto, que suena tan teórico, es una experiencia práctica elemental: el negro establece la diferencia entre el bien y el mal porque el negro establece la diferencia entre el día y la noche.

El amor es rojo, pero el rojo acompañado de negro caracteriza lo contrario del amor, el odio. El aumento del odio conduce a la brutalidad y la violencia, como acorde cromático es negro-rojo-marrón -lógicamente, el negro es aquí más potente. Siempre que el negro forma parte de un acorde con rojo, amarillo o verde, tal acorde visualiza un sentimiento negativo o una cualidad negativa: amarillo-rojo es el acorde del gozo de vivir, pero el acorde negro-amarillo-rojo es el del egoísmo. La inversión de todos los valores, tal es el efecto más poderoso del negro.


Color hermoso y color negro

En la edad media había tintoreros dedicados a teñir de hermosos colores y otros dedicados a teñir de negro. Los primeros teñían de colores luminosos, que a la vez eran colores caros, por lo que solamente teñían telas caras. A veces engañaban a sus clientes tiñendo telas baratas con tintes caros -de aquí la expresión alemana "das ist nur Schönfärberei" (esto es sólo un tinte para hacer bonito")-, para referirse a alguna manipulación que disimula lo malo. Los tintoreros "negros" no sólo teñían de negro, sino también de marrón y de turbio azul de glasto.

Muchas eran las maneras de teñir de negro. El negro más barato era el "negro de los pobres". Para teñir un kilo de lana se necesitaban cuatro kilos de corteza de aliso negro o arraclán.  El procedimiento era el siguiente: se desmenuzaba la corteza, se ponía en remojo durante unos cuantos días y se cocía junto con el tejido que iba a teñirse. Un procedimiento sencillo y barato, especialmente para aquellos tiempos. Pero este negro era en realidad un gris oscuro.

Más difícil era obtener un negro intenso. Para ello se empleaban agallas de árboles. Estas agallas aparecen en las hojas de algunos árboles por las picaduras de cínifes que depositan en ellas sus huevos. Alrededor de las larvas de estos insectos se forman excrecencias redondas, abayadas: las agallas. Estas se arrancan, se dejan secar y se pulverizan. Las mejores agallas son las de las hojas de roble, que se han usado durante siglos para hacer tintes.

En 1453, los turcos conquistaron Constantinopla, centro de las antiguas artes tintoreras.  Algunos tintoreros pudieron huir, llevando sus secretos a otros países. Pronto pudo disponerse en todas partes de las codiciadas telas teñidas de "rojo turco", que era un rojo muy luminoso. El teñido dejó entonces de ser un arte secreto para convertirse en una actividad artesanal, los métodos se simplificaron y las diferencias de precio entre el teñido de colores luminosos y el teñido de colores oscuros empezarona a borrarse.



A pesar de todo, la moda burguesa era negra, y esto se debía a ciertas actividades de unos amigos de la moda de colores vivos -los odiados lansquenetes, dedicados al merodeo y el pillaje-. En sus saqueos se llevaban también prendas de vestir que incluso rasgaban para repartírselas. Luego, cada uno se hacía una prenda con su parte. De esa manera crearon los lansquenetes el "traje de retazos": cada manga, cada pernera, cada media eran de distinto color, y todo el atuendo estaba lleno de cortes. Estos cortes o tajos les daban libertad de movimiento, y siempre podían rellenarse con nuevos retales de nuevos colores.  Los ciudadanos echaban pestes contra esta moda multicolor, y pidieron al emperador que prohibiera a los lansquenetes ese lujo que contravenía las normas sobre los colores propios de cada estamento. En 1477, el emperador Maximiliano se pronunció a favor de los lansquenetes: "Hay que tomarse con una sonrisa lo que hacen con sus desgraciadas y precarias vidas".  Los lansquenetes aparecían cada vez más abigarrados en sus atavíos, y a los ciudadanos sólo les quedó el consuelo de condenar por inmorales esos atavíos y teñir de negro sus ricas telas, pues las telas negras eran las únicas que los lansquenetes no querían.

Otro motivo por el cual la preferencia por el negro era cada vez mayor era que, tras el descubrimiento de la ruta de la India, el índigo llegó a Europa. Y resultó que tiñendo primero de azul con índigo y después de negro con agallas, se obtenía un negro muy intenso.  Y con el descubrimiento de América llegó el más bello de los tintes negros: el del palo de campeche. Se trata de la madera de un árbol de Centroamérica, que se ralla y se pone en remojo durante unas semanas. El colorante que se desprende tiñe la seda de un intenso negro azulado. Naturalmente, la madera de campeche importada era cara. El negro se convirtió así en un color noble.





El color de los protestantes y de las autoridades

La Reforma comenzó en 1517, cuando el monje agustino y profesor de filosofìa moral doctor Martín Lutero protestó contra el comercio de indulgencias. Lo inaudito de las tesis de Lutero era que negaban al clero el derecho a hacer de intermediarios de Dios. Lutero decía: quien ha pecado, debe arrepentirse, no se puede comprar el perdón por medio de las indulgencias. Pero la Iglesia predicaba: "cuando el dinero suena en la bolsa, el alma sale del fuego eterno".

El comercio con las indulgencias era la principal fuente de ingresos de la Iglesia. El perdón de los pecados así comprado se certificaba con reliquias: huesos de mártires, retazos de vestiduras de santos, astillas de la cruz de Jesucristo -estas astilas se vendieron en cantidades tales, que uniéndolas habría habido tanta madera como en un bosque-.

El cardenal Alberto de Maguncia poseía 8933 reliquias, cuyo valor en indulgencias habría sido suficiente para que una persona estuviera limpia de pecado durante 39 millones de años. Cuando los papas necesitaban más dinero, proclamaban años especiales de indulgencias en los que la limpieza de pecados salía más económica. La oposición al comercio de las indulgencias tocaba el centro vital de la Iglesia católica, pues los protestantes no sólo le negaban al papa su obediencia, sino también su dinero.

Lutero manifestó su convencimiento de que pobres y ricos son iguales ante Dios, y lo hizo no sólo de palabra: en sus sermones no vestía ninguna prenda litúrgica, sino siempre de negro.  Su vestidura talar sin ornamentos era entonces la forma corriente de los mantos o capas, y según las normas el negro era un color que podía usar todo el mundo. Ante Dios, todos iguales y vestidos también igual.

El traje talar de Lutero se convirtió en el de todas las autoridades civiles. Durante siglos fue la vestimenta de los profesores, y aún hoy es el traje talar negro de Lutero la vestimenta ceremonial de los alcaldes y la oficial de los jueces.


Ilegalidad y anarquía

El negro es el color de todas las organizaciones secretas que van contra la ley. Las banderas negras y una estrella negra son los símbolos de los anarquistas. Y la bandera negra con la calavera que usaron los piratas es ya legendaria, en ella se unen el negro de la ilegalidad y el negro de la muerte. El negro es el color de organizaciones cuyos miembros condenan a muerte a otros. En este contexto, el negro y el rojo van siempre juntos; el rojo como color del peligro y de lo prohibido.

Mussolini con los "camisas negras"



El negro de los fascistas y de la brutalidad

Negro-rojo-marrón  es el acorde de la violencia y la brutalidad.  El negro apareció por primera vez como color de un movimiento fascista en 1919 en Italia. El movimiento se llamaba Arditi, esto es, los "atrevidos" o "audaces". Su meta era acabar con los movimientos socialistas, y su distintivo era una camisa negra. Los fascistas británicos y holandeses adoptaron en 1933 la camisa negra como uniforme político. En Italia, Inglaterra e Irlanda, un "negro" es un fascista.

El color del fascismo alemán no fue el negro, sino el pardo. La razón por la que se impulsó el negro era que los trabajadores del campo vestían camisa y pantalones negros en el trabajo, y un traje negro cuando iban a la iglesia, y sólo con el traje de los domingos llevaban una camisa blanca. Todos los hombres tenían este ajuar básico, por lo que en las reuniones del partido, vestían el traje negro de los domingos con la camisa negra del trabajo.

A pesar de su elitismo los movimientos fascistas se dotaban de un toque proletario, para convertirse en movimientos de masas.  Sabían apreciar el efecto igualador del negro, que, al menos ópticamente, hacía a cada miembro de la organización igual de importante que el resto.

Cualquier grupo que se vista de un mismo color destaca y parece mayor de lo que en realidad es. Los uniformes negros dieron inmediatamente la impresión de que los que los vestían pertenecían a una gran organización. Además, el negro es color de lo grande y de lo masculino, lo cual concordaba también con los ideales fascistas.

Todas las agrupaciones políticas cuyos miembros se consideran dueños de las vidas ajenas suelen adoptar el color simbólico de la muerte para expresar su disposición a sacrificar las vidas de otros en favor de sus convicciones.



domingo, 18 de noviembre de 2012

EL COLOR ROJO

En nuestra sociedad contemporánea, el que califiquen de "rojo" a alguien significa que lo consideran "comunista", y eso, en nuestra incultura actual, se ha equiparado erróneamente con "terrorista". Sin embargo, esto no ha sido siempre así. Tiempos hubo en que el rojo no fue el color emblemático de los comunistas, sino de la nobleza y de la Iglesia. Leamos y conozcamos algo más del color del fuego, de la pasión y de la revolución.



El rojo en los pueblos antiguos

Al principio fue el rojo. Es el primer color al que el hombre puso un nombre, la denominación cromática más antigua del mundo. Y es, probablemente, el primer color que los recién nacidos pueden ver.  El simbolismo del rojo está determinado por dos experiencias elementales: el fuego es rojo, y roja es también la sangre. En muchas lenguas, como la de los antiguos babilonios y la de los esquimales, "rojo" significa, en sentido literal, "como sangre".  Fuego y sangre tienen, en todas las culturas de todos los tiempos, un significado existencial. Por eso son sus símbolos universales y por todo el mundo conocidos, pues todo el mundo comprende vitalmente el significado del "rojo".

El efecto psicológico y simbólico de la sangre hace del rojo el color dominante en todos los sentimientos vitalmente positivos. El rojo, el más vigoroso de los colores, es el color de la fuerza, de la vida; como dice un refrán alemán, Heute rot, morgen tot (Hoy rojo, mañana muerto); y, en este mismo idioma, la antigua palabra blutjung ("joven de sangre" = muy joven) continúa utilizándose.

En muchas culturas, la sangre es la morada del alma. En todas las religiones primitivas eran comunes los sacrificios con derramamiento de sangre. Para contentar a los dioses se sacrificaban no sólo animales, sino también, y como la ofrenda más valiosa, la sangre joven de niños. La disposición al sacrificio del primitivo pueblo sueco era única: para evitar una catástrofe natural, una hambruna o una epidemia sacrificaban hasta a su propio rey.

En tiempos remotos se bañaba a los recién nacidos en sangre de animales especialmente vigorosos y a las parejas de novios se las rociaba con esta sangre para transferirles el vigor del animal.  Los gladiadores romanos bebían la sangre de las heridas de sus adversarios moribundos para recibir su fuerza. Los griegos vertían sangre en las tumbas para que los muertos tuvieran fuerzas en el más allá.  Y la tradición alemana cuenta cómo Sigfrido se bañó en la sangre del dragón e hizo su cuerpo invulnerable, excepto en un lugar secreto.

A la sangre humana fresca se le atribuían efectos milagrosos, como la curación de enfermedades graves. La sangre de criminales ajusticiados era un remedio muy solicitado. Según la leyenda bíblica, un faraón de Egipto exigió la sangre de 150 niños judíos para beberla y curarse así la lepra. Los judíos huyeron de Egipto.




Rojo: ¿masculino o femenino?

El rojo es un color masculino, y esto se muestra en muchos significados. Goethe los llamó el "rey de los colores". El rojo masculino es el color de la fuerza, la actividad y la agresividad. Es el polo opuesto al pasivo, suave azul y al inocente blanco. El fuego es masculino, el agua femenina. Rojo es el color de Cristo, azul el de María. También en China es el rojo uno de los colores masculinos; los femeninos son allí el blanco y el negro.

En todas las lenguas hay nombres de varón que significan "rojo". En latín tenemos Rufus, y en Inglaterra y en Estados Unidos Roy es un nombre muy común, cuya proximidad a royal a nadie se le escapa -con lo que tenemos "rojo real".  El nombre del popular Robin Hood es un nombre "rojo", derivado de Rubin, y Robinson significa "hijo de Robin". Adán significa "hecho de arcilla roja". La palabra germánica hroth significaba Ruhm (gloria, fama). Fonéticamente es muy parecida a rot (rojo), y corresponde al simbolismo de la sangre, pues hroth era la gloria del guerrero.  Esta palabra se encuentra en muchos nombres alemanes, como Ruprecht, Robert, Roger, Roland, Rüdiger, Rudolf, etc. En cambio, apenas hay nombres rojos de mujer. Escarlata y Ruby son dos nombres muy recientes. El nombre de Susanna o Susana es un nombre antiguo de origen hebreo-griego que, originariamente, era el nombre de una azucena roja.

Sin embargo, hay un rojo típicamente femenino: el rojo oscuro. En las religiones próximas a la naturaleza hay un simbolismo de la sangre relativo al sexo. El rojo masculino es el luminoso rojo sanguíneo de la carne, y el femenino es el rojo oscuro que simboliza la sangre de la menstruación.

También la Iglesia católica distingue los efectos de la sangre masculina y la sangre femenina. En la Eucaristía se bebe simbólicamente sangre, la sangre de Cristo, pero, por otro lado, algunos sacerdotes excluían a las mujeres menstruantes porque profanaban el altar.

El rojo claro y el rojo oscuro se complementan como los contrarios "masculino" y "femenino". El rojo claro simboliza el corazón, y el oscuro el vientre. El claro simboliza la actividad, mientras que el oscuro es un color quieto, uno de los colores de la noche.




El color de la nobleza y de los ricos

Antes, el color de un abrigo, de un vestido o de un traje no era una cuestión de gustos, sino un símbolo de estatus que inmediatamente mostraba  a todo el mundo quién era quien. Hasta la época de la Revolución Francesa hubo legislaciones en el vestir que establecían qué colores podían llevarse. Había colores, tejidos y prendas propios e impropios en cada estamento. Estas normas distinguían colores, tejidos, prendas para la alta y baja nobleza, el alto y bajo clero, los burgueses ricos, los burgueses pobres, los campesinos ricos, los campesinos pobres, los criados y los siervos, las viudas y los huérfanos sin fortuna, y los mendigos. Nadie podía vestir más lujosamente de lo que le correspondía según su clase social. La policía se incautaba de todo atuendo inadecuado a la clase a la que se pertenecía.

Durante siglos se consideraron hermosos solo los colores puros y luminosos. En consecuencia, los colores luminosos eran privilegio de las clases superiores. Tal era la norma: colores luminosos para los ricos, colores apagados para los pobres.

Carlomagno (742-814), que declaró su residencia en Aquisgrán, centro del Sacro Imperio Romano de la Nación Alemana, hizo pintar el palacio imperial y la catedral, donde estaba su trono, de brillante color rojo. No habría podido demostrar su poder sobre la Iglesia con más claridad: lo que era rojo, pertenecía al emperador.

La valoración de los colores puros y luminosos era indisociable de su precio. Cuanto más luminoso era un color, más caro, pues era difícil limpiar de impurezas los tintes naturales. El rojo era el color más caro en las tintorerías: la fabricación de los tintes era difícil, el teñido costoso, y los tintes e ingredientes necesarios para teñir de rojo había que importarlos. El verde era un color pequeñoburgués. El azul sólo era un color distinguido si era un luminoso azul celeste, siendo el azul oscuro el color común de las ropas sencillas de labor y de la vida cotidiana. Los pobres sólo podían vestir ropas sin teñir, es decir, pardas y grises.

La prenda de vestir típica de la edad media era una capa cortada a la manera de los trajes talares. Sólo los nobles podían tener esa capa de color rojo, que en su caso llegaba hasta el suelo y tenía pliegues en campana y anchas mangas. Las capas, o capotes, de las clases inferiores eran, en cambio, de colores apagados, tejidos baratos, largas sólo hasta las caderas y sin mangas.

Cuando la nobleza perdió su poder económico, perdió también el privilegio de la capa roja. En 1498, una disposición de la villa de Friburgo permitió llevar capa roja a los hombres de letras. En el periodo 1524-1525, en la Alemania sacudida por la llamada guerra de los Labradores, estos se rebelaron contra su explotación por la nobleza y exigían, entre otras cosas, el derecho a llevar capa roja -como signo de su revaloración social-. Pero un pequeño estrato de burgueses, los patricios, llegaron a ser, gracias al comercio, más ricos que los nobles. Y ellos no permitieron que se les reglamentara la vestimenta. Los patricios convirtieron el rojo en el color de los ricos. Quien podía vestir de rojo se casaba también de rojo. Hasta mediados del siglo XVIII, las patricias de Nuremberg se casaron de rojo, y sus novios vestían calzones rojos.

En la moda del siglo pasado, los colores luminosos casi han desaparecido de la ropa masculina. Y en la moda femenina dominan igualmente los colores apagados. Niños y adolescentes visten cada vez más como adultos. A un hombre del renacimiento le hubieran desagradado los colores atenuados de nuestra moda. Pero algo quedó del rojo de los nobles: aún hoy se desenrolla a la entrada de la ópera, de un teatro o de un hotel la "alfombra roja" para los reyes.



El rojo político

El rojo es el color más frecuente en las banderas. Las enseñas rojas se ven mejor. Pero hay otra razón, pues una enseña debe ser estable a la luz, y antiguamente pocos colores lo eran tanto como los rojos de granza y de quermes.

Las banderas rojas aparecen continuamente en la historia como banderas de guerra. En 1792, los jacobinos declararon la bandera roja, bandera de la libertad. En 1834, en el motín de los tejedores de seda de Lyon, la bandera roja de la libertad se convirtió en la bandera del movimiento obrero. En la Revolución Rusa de 1917, la bandera roja del movimiento obrero se convirtió en la bandera del socialismo y del comunismo.

El rojo es el color político del marxismo-leninismo, pues en ruso "rojo" es mucho más que un color. "Rojo" (krasnij) pertenece a la misma familia de palabras que "bello", "magnífico", "bueno" (krasivej). Los "rojos" eran los "buenos". Y el "ejército rojo" era el "glorioso ejército".

Según sus adversarios políticos, "los rojos" son también los socialdemócratas, los radicales de izquierda o los terroristas. La psicología lo sabe: cuanto más débil es la propia posición política y el propio color, más fuerte aparece el color del adversario político.

La reserva alemana ante las banderas rojas es también el recuerdo del régimen de Hitler. Hitler eligió deliberadamente el rojo como color de fondo de la bandera con la esvástica. Para establecer un partido de masas necesitaba las simpatías de los trabajadores: Hitler eligió el rojo por su referencia psicológica al movimiento obrero.


martes, 9 de octubre de 2012

AFICHES REVOLUCIONARIOS

Vacío, aburrimiento, 
anomia, desencanto,
insatisfacción, malestar, 
alienación, infelicidad,
egocentrismo, tristeza...
¿A dónde vamos?

Pues, de seguir así, a ningún lado... Y seguiremos dando vueltas y vueltas en lo mismo, consumiendo productos "buenos y maravillosos", buscando a esa pareja ideal por la que daremos todo todo todo, tomándonos fotos de nuestro mejor ángulo para colocarlo en nuestro muro del Face, mirándonos el ombligo una y otra vez... En fin, haciendo más de lo mismo que nos hizo y nos hará infelices... Mientras en el mundo, 847 millones de personas sufren hambre y no tienen tiempo ni espacio para ponerse a pensar en estos temas tan pero tan fundamentales que socavan nuestra anhelada felicidad...

Felizmente, el mundo no está formado solo de este ideario frívolo y perverso con el que el capitalismo ha conquistado la gran mayoría de nuestras mentes. Hay un lugar más satisfactorio, alegre, completo, generoso, grande, altruísta... Donde puedes encontrar amigos para toda la vida, hallar a los referentes que no encuentras en tu familia o en tu universidad, distraerte sin tener que recurrir a las mismas resobadas formas que TODO el mundo realiza, viajar sin descanso y experimentar grandes aventuras guerreras y de amor... Un mundo que, además, te dará una de las herramientas fundamentales para desenvolverte con éxito en el mundo de hoy.

Sí, ese mundo existe aquí en la Tierra. Descúbrelo...




















sábado, 7 de enero de 2012

Martín Chambi

Martín Chambi fue el primer fotógrafo mestizo de Latinoamérica. Es considerado una de las grandes figuras de la fotografía americana. Ha sido reconocido por sus fotos de alto valor social, histórico y étnico, a través de las cuales retrató fielmente a la sociedad de los Andes peruanos, principalmente de la sociedad cusqueña y puneña, desde la aristocracia hasta los mendigos.





Martín Chambi mostró en su fotografía una visión propia del indio: es el primero que “mira a su gente con ojos no colonizados”, como diría la fotógrafa argentina Sara Facio.

Respecto de la fotografía de Chambi nuestro premio Nobel Mario Vargas Llosa diría: “cuando se ponía detrás de una cámara se volvía un gigante, una verdadera fuerza inventora, recreadora de la vida.”

Martín Chambi nació un 5 de noviembre de 1891, en Coasa, Puno. Abandonó la primaria para ayudar económicamente a su familia, que sufría las consecuencias de la posguerra con Chile. Cuando Martín Chambi tenía 12 años, su padre Félix, empezó a trabajar en una empresa minera de ingleses en su natal Puno. Allí Martín Chambi vendía alcohol sin muchas ganancias. Fue en ese mismo lugar que tuvo su primer contacto con la fotografía, pues la minera contaba con fotógrafos para sus operaciones. Chambi sintió curiosidad por los grandes aparatos de los fotógrafos ingleses, los cuales podían producir imágenes en papel y vidrio. Luego comentaría a su padre su interés por aprender este oficio. Es así que a la edad de 17 años se traslada a Arequipa para aprenderlo, iniciándose como aprendiz de quien sería su gran maestro, el fotógrafo Max T. Vargas. De él aprendió el uso correcto de la luz y a tener un riguroso cuidado en la realización de la copia final para tener un resultado impecable.

En 1917 establecería su primer estudio fotográfico en Sicuani y, ese mismo año, haría su primera exposición fotográfica, la que ganaría el premio del archivo general de la ciudad. Luego se trasladó a Cusco, donde realizaría sus fotografías más conocidas. Chambi combinó el servicio regular de fotografía con la fotografía artística haciendo recorridos por lugares diversos del territorio que en ese entonces eran poco conocidos.





Muchos críticos aseguran que Chambi dividió su trabajo en dos grupos: el de índole comercial, que incluía los retratos por encargo, en estudio y exteriores y los grandes retratos grupales y el otro de carácter personal, que incluía su registro antropológico, básicamente retratos de la etnia andina, registros de tradicionales locales, así como sus numerosas vistas urbanas del Cusco y sus vistas de restos arqueológicos. Si bien esta parte de la obra es cuantitativamente menor, se distingue por haber sido realizada con notable persistencia y continuidad.

Chambi diría respecto de su trabajo: “Me siento un representante de la raza; ella habla en mis fotografías”. En 1925 Chambi obtiene la medalla de oro en la Exposición Internacional de Bolivia, en 1927 y 1935 en Lima, y en 1936 en Santiago de Chile. En 1938 inaugura su propia galería de arte en Cusco.

En su visita a Chile en 1936 diría: “He leído que en Chile se piensa que los Indios no tienen cultura, que son incivilizados, que son intelectual y artísticamente inferiores en comparación a los blancos y los Europeos. Más elocuente que mi opinión, en todo caso, son los testimonios gráficos. Es mi esperanza que un atestado imparcial y objetivo examinará esta evidencia.”

Se dice que Chambi tuvo un claro sentido práctico como profesional de la imagen. Esto lo indican especialistas en la materia como el cineasta José Carlos Huayhuaca, autor del libro "Martín Chambi, fotógrafo", quien sentencia que éste era un hombre "con los pies en la tierra". Esto no quieres decir que llegara al punto de hacer cosas por razones monetarias, pues de lo contrario se hubiese quedado en Arequipa, donde tenía más posibilidades que en el Cusco.

Una de las etapas de la vida de Chambi pocas veces mencionada en detalle ha sido su labor de reportero gráfico para el diario "La Crónica" y la revista "Variedades" (1920-1927), publicaciones peruanas que ilustraron muchas de sus páginas durante el oncenio de Augusto B. Leguía y Salcedo con fotografías realmente inéditas de Chambi, todas ellas nítidas y perfectamente concebidas.

Martín Chambi falleció en Cusco el 13 de setiembre de 1973, pero su obra fotográfica es hasta hoy motivo de innumerables investigaciones, recopilaciones, homenajes editoriales y hasta documentales fotográficos. Su obra consta de mas 30 000 negativos, conservados por sus deudos.

El investigador peruano Jorge Heredia asevera que la obra del fotógrafo ha sido revalorada desde fines de los años 70 del siglo pasado con resultados muy diversos, quizá tan heterogéneos como la naturaleza del mismo legado, cuya densidad, agrega, permite destacar cualquier punto de apoyo para todo tipo de presentación.

Bibliografía Tauro del Pino, A. (2001) Enciclopedia ilustrada del Perú. Tercera edición. Lima. PEISA. Nalvate, P. (2011). “Imágen y semejanza”, en Somos, 5 de noviembre 2011.

sábado, 16 de julio de 2011


Los fusilamientos del tres de mayo de 1808.


A medida que se hacía mayor, la visión artística de Goya se oscureció, como si los horrores de la invasión napoleónica de España le hubieran convencido de que el siniestro zumbido que siempre había sentido durante su vida fuera dicho objetivo. Le afectó profundamente el alzamiento popular del dos de mayo de 1808 contra los franceses, y lar brutales ejecuciones que tuvieron lugar al día siguiente. Pintó ambos eventos la rebelión y sus trágicas consecuencias, aunque nadie contempla dos veces el mismo cuadro. Es como si la insurrección, la torpe violencia no le conmovieran. Cuando ide{o la composición del cuadro, lo hizo de una sola manera intelectual. Los disparos de los rebeldes, sin embargo, poseen una fuerza enorme.


El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos en la Puerta del Sol.


El tres de mayo es uno de los grandes iconos de la crueldad y del valor humanos. (Goya pudo no haber sentido empatía por los que luchaban, pero si la sintió por los muertos). Pintó en el cuadro una especie de crucifixión, sugerida visualmente por los brazos extendidos de una de las víctimas, y el artista involucra al espectador, no sólo con el ejecutado, sino también con los ejecutores. Estos últimos se han convertido en una horda sin rostro, en máquinas para matar, en lo que todos podemos transformarnos si no actuamos con responsabilidad. Las víctimas poseen una majestad terrible, sus rostros están retratados con gran vitalidad u los muertos son inquietantemente reales. No pueden huir a ninguna parte, están atrapados: los cadáveres, a un lado, los grupos que esperan morir, en el otro; detrás, una elevada colina, alrededor, la oscuridad y, en frente, los autómatas anónimos apuntando con las armas. Gente real, en una trampa real, pero que al menos logra poner a salvo su individualidad. El pelotón de armas francés se encuentra en una trampa peor, porque la obediencia a las órdenes ha anulado su voluntad.


El tres de mayo de 1808 en Madrid o Los fusilamientos del tres de mayo.


La figura central que recibe los disparos y se niega a morir mansamente, defendiendo sus derechos como persona, es una imagen que emerge de lo más profundo del alma de Goya. La inexorable trampa de crueldad y sufrimiento era algo que él conocía muy bien y su genio reside en hacer que el público también lo conozca. Uno se siente atrapado por la escena, no se puede pasar de largo ante ella con indiferencia, esos rostros agónicos se lanzan sobre nosotros, y del mismo modo que ellos están atrapados, nosotros también lo estamos. Compartimos su angustia porque es una de las más terribles y conmovedoras descripciones de la destrucción y del heroísmo de los que todos somos capaces.

Tomado de Historia del Arte - “El Grand Tour de la Herman Wendy”. Folio.